Estaba a punto de tomar el tranvía para bajarme
cerca de un parque hermoso con luces blancas
De pronto y como por arte de magia él empezó a
besar mis labios carnositos, mis labios vivos que en silencio decían...
bésame...abrázame. Nuestros ojos se miraron fijamente de pronto y sin
pensarlo estábamos en una parte del parque muy privada y al mismo tiempo
luminosa a medias. Empezó a besar mis labios, acariciar mi pecho y espalda en
eso sentí como empezaba a quitarme los jeans y acariciar mi bocado una y otra
vez hasta que me dejo bastante excitada y con vida más que propia. Por otro
lado, yo también lo besaba, mis manos recorrían su apuesto cuerpo dejando casi
nada a la imaginación empecé a morder su pecho y ombligo y con un vaivén
impresionante empecé a excitarme al sentir su bocado friccionando el mío y
todas las posiciones se nos vinieron a la mente una y otra vez hasta que
pudimos hacerlas y explotar en mil pedazos de lava incandescente que solo las luciérnagas y grillos se daban
cuenta de cómo nos disfrutábamos juntos.
Nuestra miel iluminaba nuestros cuerpos,
sentíamos un calor super incandescente que solo los fuegos artificiales
iluminaban nuestro ser. Fue un día lleno de apasionados besos, delirantes y
jugosos deseos con un sabor parecido a la fresa con frambuesa y destellantes
sabores a lujuria y pasión.

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